Cuando de mi rostro la mejilla
apague su luz intermitente,
cuando se serenen las arrugas
del severo gesto de mi frente,
cuando lance mi triste mirada
hacia la bóveda celeste,
entonces, dejaré de vivir
y vendrá a buscarme la muerte
en el espacio atemporal
del vacío de mi propia mente,
y no quedará ningún secreto
en de los arbustos las simientes.
Cuando mi corazón abandone
la sangre del último latido,
cuando al fin mi alma rompa su espejo
y vague airosa sin rumbo fijo,
cuando mi parte racional
se proteja en su escudo frío,
cuando mi pasión y sentimientos
olviden su pasado y destino,
entonces, dejaré de morir,
pero dejaré de seguir vivo.

José Ángel Gallardo Gutiérrez

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